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PERIODISTAS DE RAZA Y LUCHA

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JÁUREGUI, PRIMERO EN CAER DE LOS SINDICALIZADOS

Primer periodista sindicalizado asesinado, Emilio Jáuregui también se distinguió por su origen de clase, a la cual enfrentaría como dirigente gremial, tras haber pertenecido a la redacción de La Nación. El 27 de junio se cumplirá medio siglo de la noche en que le sesgaron la  vida, a los 29 años.

 Por Guillermo Alfieri

El 7 de junio de 1810 inició su circulación La Gazeta de Buenos Aires, pensado por Mariano Moreno como órgano de difusión y defensa de los ideales independentistas de Mayo. Reconocido como mojón de la historia, el 7 de junio se celebra el Día del Periodista. El gremialismo es un capítulo abierto en la saga y en una de las páginas se inscribe Emilio Jáuregui, considerado primer mártir de los periodistas sindicalizados de nuestro país.

Jáuregui fue asesinado en Buenos Aires, el 27 de junio de 1969, por la represión policial.

En sustancia, hay puntos de contacto entre una y otra época. En 1810, los objetivos eran desprenderse del autoritarismo colonial y reafirmar los conceptos de soberanía, igualdad y libertad.

En 1969, los derechos civiles estaban suprimidos por la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía y llegaba al Río de la Plata el alcalde de Nueva York, Nelson Rockefeller, en calidad de enviado por el presidente Richard Nixon.

Precisamente, en una manifestación de repudio a esa presencia Jáuregui fue acribillado en la vía pública, como en cumplimiento de una consigna pre-establecida por los servicios de inteligencia. Jáuregui tenía 29 años de edad y era secretario general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa, depuesto por la intervención del terrorismo de Estado.

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Emilio Jáuregui nació en 1940, en familia de alta burguesía, vinculada con el apellido Pinedo por la rama materna. En el tránsito de la adolescencia a la juventud vivió en París, donde su padre cumplía funciones diplomáticas. Estudió ciencias políticas en la Sorbona. En la semblanza elaborada por quienes bien lo conocieron, Jáuregui era inquieto por las cuestiones humanísticas, apasionado en las discusiones y divertido en las salidas nocturnas, con despliegue de sus preferencias por el rock y el tango.

En el regreso a Buenos Aires, ingresó como cronista del diario La Nación en 1960, con afiliación inmediata al sindicato de prensa porteño. Me tocó en suerte, concurrir con frecuencia a la señorial casona de calle Alsina por circunstancias que resumo: yo actuaba en el gremio de personal de empresas de seguros, intervenido desde la gran huelga (72 días) que perdimos en 1959, junto con los bancarios; formamos comisión por la reincorporación de miles de cesantes y nos reuníamos en la sede de los compañeros periodistas, sin saber que pronto sería uno de ellos.

Por aquellos tiempos, el gremialismo se nucleaba por afinidades ideológicas y partidarias. En Prensa predominaba la izquierda ortodoxa, aunque en pulseada con militantes de la denominada nueva izquierda, por lo que presencié asambleas con polémicas enriquecedoras.

En ese proceso surgió una conducción que no superaba los 25 años de edad y con Jáuregui en papel de protagonista.

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De Jáuregui periodista de medios gráficos destaco los enfoques sobre la guerra de Vietnam, producidos en colaboración con Eduardo Jozami, con el que viajó hacia la contienda que conmovía al mundo. Jáuregui se había casado con Susana Valle, hija del jefe militar fusilado en 1956, por frustrado intento de contrarrevolución a la de 1955.

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El 29 de mayo de 1969 aconteció el Cordobazo, con réplicas en varias ciudades capitales del país. El poder de Onganía tambaleaba y se incrementaba la represión. La CGT de los Argentinos promovía la protesta por el arribo de Rockefeller. El 27 de junio de 1969, en la zona norte de Buenos Aires dos vehículos policiales interrumpieron la marcha de los manifestantes. Un grupo de efectivos atacó con sus bastones y armas de fuego. A Emilio Jáuregui le dispararon a la cabeza, hiriéndolo de muerte.

Daniel Parcero en su libro Los Trabajadores de Prensa – Ladrilleros del Periodismo, narra que el velatorio se realizó en la Federación Gráfica Bonaerense, donde se registró un incesante desfile de sindicalistas combativos, estudiantes, periodistas, dirigentes peronistas, radicales, socialistas y de agrupaciones de izquierda. El cortejo a pie hasta el cementerio de la Recoleta fue multitudinario y cubrió tres cuadras.

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El crimen del que fue víctima Emilio Jáuregui nunca se esclareció. El fusilamiento quedó impune. Yo conocí la nueva sede de Fatpren en 1972, como secretario general de la Asociación Riojana de Trabajadores de Prensa (Aritrap). La conducción fascista tapaba la memoria de Jáuregui. La omisión ha sido reparada, con la asistencia de su viuda, su hija y la tensión emotiva.

Bajada y título:  Crónicas en Claroscuro/La evocable figura de Emilio Jáuregui

Fuente: http://www.analisisdigital.com.ar, 4/6/2015

  • Escrito por Francisco Tur
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EMILIO JÁUREGUI, RETRATO DE FAMILIA

Tal como se aclara al final, el firmante de esta nota fue un amigo de Emilio Jáuregui y buen conocedor de su familia, que por provenir de una escala social alta contrastaba con la elección de vida de quien iba a ser periodista, conductor de la Fatpren y víctima de un crimen político de la Federal.

i Por Francisco Tur (*)

La muerte de Emilio Jáuregui a manos de la policía de Juan Carlos Onganía se produjo hace treinta años, el 27 de junio de 1969, en la calle Anchorena, a pocos metros de Tucumán. Emilio Jáuregui había trabajado como cronista en el diario La Nación entre julio de 1960 y diciembre de 1962.

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OSVALDO BAYER, EL REBELDE ESPERANZADO

Con motivo de la muerte de Osvaldo Bayer, a los 91 años, en la Nochebuena de 2018, Infonews volviò a publicar este reportaje realizado a Germán Ferrari, autor del libro "Osvaldo Bayer, el rebelde esperanzado", un año atrás. He aquì al biògrafo.

Por Gonzalo Magliano 

El periodista e historiador Germán Ferrari encaró el tremendo desafío de realizar la primera biografía sobre Osvaldo Bayer, una de las referencias ineludibles del periodismo argentino junto a Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo.

En una investigación que duró tres años, recorre la vida del autor de clásicos como Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia que va desde su niñez en el barrio porteño de Belgrano hasta su cumpleaños 90. No sólo reconstruye hechos ineludibles como las investigaciones míticas de la matanza de obreros en la Patagonia a comienzos de la década de 1920, sino también facetas poco conocidas como los casi 15 años de trabajo en Clarín, su experiencia sindical en el comienzo de los 60 o su faceta literaria.

Infonews entrevistó a Ferrari en su casa y repasó los puntos más importantes de su monumental libro de 523 páginas editado por Sudamericana.

En la introducción del libro, Ferrari reconoce que la tarea de reconstruir la vida de Bayer lo desbordó y atrapó. No es para menos. Estamos hablando de más de seis décadas de periodismo y activismo político.

En ese tiempo Bayer conoció a figuras trascendentes como el Che Guevara durante un encuentro en Cuba, pocos años después del triunfo de la Revolución, y realizó investigaciones históricas imprescindibles donde rescató a un sector clave y olvidado del movimiento obrero argentino: el anarquismo.

También incursionó en el cine, tuvo que partir al exilio durante la última dictadura genocida (NdE: fue en 1975, gobierno de Isabel Perón) y acompañó a las Madres de Plaza de Mayo y a los organismos de derechos humanos en su lucha por memoria y justicia. R

ecorrer la vida de Bayer es recorrer una mirada de la historia argentina desde los trabajadores, una mirada ética y esperanzada.

- ¿Por qué una biografía de Bayer ahora?

- Porque no había. Hay sí trabajos de entrevistas largas en formato libro y me parecía fundamental rescatar no solamente su voz sino las voces de quienes lo conocieron y poder armar con ese conjunto de fuentes toda su trayectoria desde la niñez. Yo lo corté en el festejo de sus 90 años, que me parecía un hito fundamental para Osvaldo. A mí me movilizó poder profundizar en cuestiones que no estaban ahondadas en entrevistas largas. Me parecía que poder reunir todo el material en un volumen biográfico era, no solamente un homenaje en vida hacia él, sino una necesidad para poder entender la historia contemporánea argentina y la historia del periodismo argentino contemporáneo también. Y si queremos, hasta determinados hechos internacionales en los que Bayer estuvo presente o tuvo participación.

- Encontramos en el libro que antes de las míticas investigaciones de la Patagonia trágica, Bayer tuvo una larga trayectoria periodística en la que cubre temáticas que a uno lo sorprenden. ¿Te sorprendió?

- Me sorprendió porque, si bien tenía alguna referencia de sus colaboraciones en la revista Continente (NdR: durante la década de 1950), en las que firmaba como Oswald Bayer, no sabía exactamente la multiplicidad de ejes que tocaba como la música, la situación político-social de la Alemania de posguerra, el cine. Luego, ya de regreso a la Argentina, escribe sobre gremiales para un diario (Clarín) cuando él decía que quería hacer policiales; cuando se va al sur, a Esquel, a compenetrarse con la problemática de los pueblos originarios. Yo digo que tiene un espíritu renacentista porque tiene una diversidad de intereses múltiples que se va viendo a lo largo de toda su vida. Él recorre transita por la escritura periodística, la investigación histórica, el trabajo en el cine, sus participaciones cinematográficas como actor ya en la Patagonia Rebelde, y en otras. Esto también se ve en los '90 en sus contratapas en Página 12, que habla no solamente de los intereses que nos podemos imaginar sino también sobre fútbol, cuestiones culturales y artísticas o literarias. Entonces hay un hombre comprometido con una ética muy clara que tiene una curiosidad sin límites y eso lo hace muy fascinante para quien investiga su trayectoria.

-  ¿En qué momento crees que Bayer se convierte en la figura que hoy conocemos?

- Yo creo que en los '90 empieza a haber frente al menemismo y al neoliberalismo una reivindicación y un reconocimiento de la ética y el compromiso de Bayer en diferentes aspectos como los derechos humanos o la defensa de los pueblos originarios. Lo podemos pensar también, no como contracara, pero sí como una situación de tensión con otra figura icónica para otros sectores que es la de Ernesto Sábato, que también tenía un reconocimiento y un prestigio para sectores diferentes a los de Bayer. A partir de ese periodo, de esa lucha en los '90 con causas como el tema de la defensa de los pueblos originarios, llegamos al nuevo siglo con generaciones más jóvenes no necesariamente pertenecientes al mundo anarquista que encuentran en él un ejemplo a seguir, una figura con un peso fuerte dentro de lo que es el mundo intelectual. Un intelectual no que está alejado y que solamente mira a la distancia y analiza a la distancia las situaciones que ocurren en el país sino que está presente, que está en la calle, que se lo puede ir a visitar a la casa o llamar por teléfono, que tiene una relación de cercanía para con el común de la gente no habitual en una persona del prestigio y de la trayectoria de él. Y eso es reconocido por las nuevas generaciones. Fueron señales muy claras para que los jóvenes dijeran “éste es intelectual distinto, no es igual a los otros, o a muchos otros”.

* Los 60. Sindicalismo, Clarín y el encuentro con el Che

Luego de su experiencia en el sur argentino, donde dirigió el diario Esquel, del cual fue echado por defender los derechos de los pueblos originarios de la zona, y fundó el periódico independiente La Chispa, cerrado por los mismos motivos, Bayer regresa a Buenos Aires en 1959. Ese año consigue trabajo en el diario Clarín y comienza una trayectoria que se extenderá hasta 1973. Durante ese tiempo terminó de consolidarse como periodista y desarrolló su pasión por la investigación histórica. También vivió momentos claves, como su experiencia sindical y su encuentro con Ernesto “Che” Guevara. 

- ¿Cómo fue su experiencia gremial?

- Fue muy intensa. Estuvo en dos momentos bastante interesantes del sindicalismo. A comienzos de la década del '60 en un gremio muy politizado y movilizado, y sufriendo una situación del periodismo en general bastante caótica y traumática con cierres y clausuras de diarios. Estamos hablando del periodo de Frondizi (1958/1962) y Guido (1962/63), donde hubo persecución a los periodistas por ser tildados de izquierda, subversivos o frondizistas, en el periodo de Guido. De hecho, Osvaldo es encarcelado junto a la plana mayor del Sindicato de Prensa cuando es allanado en 1963. Para él es una experiencia muy rica donde tuvo que pulsear con un sindicato que estaba hegemonizado por el Partido Comunista o por dirigentes comunistas y porque le permitió, por ejemplo, ir a hablar a la CGT sobre la experiencia cubana y el apoyo de la Revolución. Peleó paritarias. Tuvo una actividad bien interesante que cincuenta años después se cristaliza en el nacimiento de un nuevo sindicato. En 2010 encabezó el “Frente de Unidad” en las elecciones de la Unión de Trabajadores de Prensa Buenos Aires (UTPBA) para disputarle la conducción a la lista Celeste y Blanca. Y él acepta sabiendo que no va poder lograr la victoria. Ese fue el germen de lo que hoy es el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).

- Contás el famoso encuentro con el Che Guevara en La Habana, donde dice que ahí se dio cuenta que no era un revolucionario. ¿Crees que lo influyó para su visión política?

- Yo creo que sí. Me imagino que cualquiera que se haya encontrado con el Che y haya podido intercambiar ideas le habrá marcado la vida. Me parece que ese encuentro con una Cuba previa a declararse socialista, donde está ese artículo tan lindo que publica en el órgano de sindicato en Gente de prensa, refleja en parte ese cambio porque una cosa es lo que pueden contar de Cuba las agencias internacionales, otra cosa es vivirlo de cerca. Más allá de que él ya tenía una concepción desde lo ideológico, pero creo que ese paso por Cuba no fue en vano.

* Patagonia rebelde y trágica. De "Todo es Historia" al cine

La pasión por la investigadora histórica fue una constante en Bayer, pero recién pudo empezar a desplegarla en la segunda mitad de los 60, gracias al espacio en la revista Todo es Historia que le brindó su director, Félix Luna. Ambos eran amigos y trabajaron juntos en el diario Clarín. En el número 4 de la publicación apareció el artículo de Bayer “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, que fue el comienzo de una serie de investigaciones sobre el anarquismo. Luego siguieron otros temas como la vida de Severino Di Giovanni y Los vengadores de la Patagonia trágica. Este último tema es el más emblemático de Bayer. Tuvo tal repercusión que lo motivó a profundizar la investigación. El resultado fue un libro de cuatro tomos, el último publicado en Alemania, debido a la persecución que sufrió Bayer, primero por la Triple A y luego por la dictadura genocida de 1976. Luego del segundo tomo, el director Héctor Olivera le propuso llevar la historia al cine. Bayer dudaba, entre otras cuestiones, por los antecedentes del cineasta -había filmado Psexoanálisis en 1968-. Sin embargo, aceptó con la condición de participar en el guión y la filmación.

Además de la calidad, le preocupaba especialmente que se respetara la verdad histórica. No fue fácil la filmación y menos la exhibición. El proyecto se realizó en los 70, en la previa del terrorismo de Estado y los asesinatos de la Triple A. Después de muchas presiones y dilaciones, la película se estrenó en 1974 con intervención directa de Perón. Quizás sin ella no hubiera llegado a las salas. Los militares no toleraban un film que denunciaba la brutal represión y matanza que el ejército argentino desplegó contra trabajadores. Los hechos, ocurridos en 1921, parecían un antecedente directo lo que sucedería de manera sistemática a partir del 24 de marzo de 1976.

- Cuando salió el libro “Los vengadores de la Patagonia trágica” ¿generó la repercusión que hoy tiene?

- La repercusión es tan grande que un director de cine, Héctor Olivera, no ciertamente identificado con el cine político o social, ve en los dos primeros tomos una historia fascinante para ser llevada a la pantalla grande. Osvaldo duda precisamente por los antecedentes de Olivera pero acepta con la condición de participar. Él participa en el guión y tiene una presencia tan constante que viaja junto con el elenco para filmar las escenas en los lugares naturales en Santa Cruz. El poder trasladar esas investigaciones desde el papel escrito primero en publicaciones periódicas, después en libro, y llevarlas al cine era un salto enorme y era una llegada de una masividad que es la que hoy conocemos.

- ¿Sabían de los riesgos de filmar esta película?

- Si, permanente. Tuvieron mucho apoyo del gobernador de Santa Cruz Jorge Cepernic (1973/1974), que pertenecía a la izquierda peronista, quien recibía presiones del ministro del Interior de la Nación, Benito Llambí, para que no se siga filmando. Sí, ellos sabían. Siempre mantuvieron el apoyo y el respaldo del gobernador de Santa Cruz y pudieron llevar a cabo toda la filmación tal cual lo habían previsto. Pero las presiones eran permanentes. Además porque durante la filmación se iban produciendo atentados en el país, situaciones donde empieza a tornarse más complicado. No perdamos de vista la trama de la película, que generaba rispideces en la historia oficial del Ejército. La película desaparece de un día para el otro de cartel y ahí cuento cómo fue la presión que recibe Ayala, el productor, de Miguel Paulino Tato, que era el censor que se había hecho cargo del área de la censura del Instituto Nacional de Cinematografía. Para que no pasara a mayores levantaron la película e inmediatamente en ese mismo periodo empiezan a ser amenazados los diferentes actores. Se va Luis Brandoni, Héctor Alterio, no solamente por esa película, sino porque es cuando la Triple A empieza a actuar en forma directa. Y Osvaldo al año siguiente, a comienzos del 75, ante esta situación de amenaza permanente se va a Alemania durante un año. Cuando Isabel convoca a elecciones para el 76 ahí retorna y al poco tiempo es el golpe de Estado del 24 de marzo y vuelve a partir al exilio.

(*) La entrevista con el autor fue publicada originalmente en Infonews en mayo pasado (2017), junto a la salida de la biografìa.

Título y presentación: "Osvaldo Bayer, el rebelde esperanzado"/ El periodista e historiador, Germán Ferrari, publicó una biografía de 523 páginas de una de las referencias ineludibles del periodismo argentino. Infonews entrevistó al autor para repasar los puntos esenciales de su libro.

Fuente: www.infonews.com, 24/12/2018.

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EMILIO JÁUREGUI, EN LA MEMORIA, SIEMPRE

Homenaje de FATPREN a Emilio Jáuregui, su secretario general, periodista de La Nación, arrancado de su cargo, luego reemplazado por un colaboracionista y después asesinado por un comando policial, en 1969,  dictadura de Juan Carlos Onganìa.

Por Daniel Parcero (*)

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) recuerda una vez más la trayectoria militante y las convicciones puestas de manifiesto en favor de sus representados, y de los trabajadores en general.

El compañero Emilio Jáuregui, siendo Secretario General, elegido en proceso democrático por las bases de FATPREN, fue desalojado arbitrariamente de nuestro gremio por una intervención militar dirigida por la dictadura de los monopolios, liderada por el Gral. Juan Carlos Onganía, la que continuara con una incesante persecución a su persona a lo largo de tres años, hasta ser asesinado impunemente y a plena luz del día por los esbirros de Coordinación Federal, en 1969.

Emilio fue un dirigente de prensa combativo y clasista, cuya figura, desempeño y desaparición, fue por años silenciada por intereses cruzados de una dirigencia cómplice y corrupta que lo sucediera, los intereses corporativos y voraces de las patronales a las que supo plantarse sin dobleces -fue periodista de La Nación-, y de las sucesivas dictaduras que sin suerte intentaron borrarlo de nuestra memoria colectiva.

Luego de ser separado manu militari de la casa de los trabajadores de prensa, mantuvo su representación a través del cuerpo de delegados nacional que continuó reconociéndolo como su genuina representación, en tanto la dictadura de la doctrina de la seguridad nacional pergeñaba el traspaso de la intervención a manos de la dirigencia colaboracionista de entonces, encabezada por Rogelio Coria y José Taccone en sede del mismo Ministerio de Trabajo, y luego haber encontrado dentro de nuestras propias filas un dirigente a su medida.

De esta manera y por medio de un proceso viciado de irregularidades, el reportero gráfico Manuel Damiano, desandando su propia trayectoria de compromiso, capituló ante el onganiato.

Emilio, se encolumnó a partir de 1968 en la combativa CGT de los Argentinos, junto a Raymundo Ongano, Esteban De Luca y Agustín Tosco, donde militó como asesor de la secretaria general, y fue un año más tarde uno de los más dinámicos dirigentes obreros en las movilizaciones populares en contra del gobierno de facto.

Precisamente, un día como hoy (27 de junio) resultó ser de los convocantes a la movilización de repudio, a la visita oficial a nuestro país del magnate norteamericano Rockefeller, que originó una multitudinaria concentración en Plaza Once y las inmediaciones, de las que participaron masivamente organizaciones gremiales, políticas y estudiantiles.

Al momento de la desconcentración pacífica, Emilio quien hacía lo propio junto a otros tres compañeros, fue seguido y emboscado .a la altura de Anchorena al 600 en el barrio de Abasto, por agentes de Coordinación Federal que le cruzaron dos autos y lo acorralaron contra el frente de una obra en construcción y lo fusilaron en la vereda, ante la mirada atónita de otros manifestantes que regresaban a sus hogares, convirtiéndose en el primer mártir de los periodistas sindicalizados.

Una vez entregado el cuerpo de Jáuregui, fue velado en el segundo piso de la sede cegetista de Paseo Colón 731, donde se produjo un incesante desfile de sindicalistas combativos, estudiantes, militantes y dirigentes de agrupaciones de izquierda, peronistas, radicales, de la Izquierda Nacional, grupos católicos de Acción Sindical Argentina y de Cristianismo y Revolución, entre otros.

El féretro fue custodiado durante 24 horas por militantes de Vanguardia Comunista-donde militaba políticamente- , hasta que el domingo por la mañana, una caravana de más de tres cuadras acompañó a pie sus restos a la Recoleta.

Encabezan el cortejo fúnebre, además de los padres de Jáuregui y de Ana, su joven esposa también militante, de Susana Valle -hija del General Valle-, el dirigente de los obreros navales y adjunto de la CGT A, Ricardo De Luca, el ferroviario Lorenzo Pepe, y de empleados de Farmacia, Jorge Di Pascuale y Horacio Carballeda.

Raymundo Ongaro envió sus condolencias y repudio desde Córdoba donde se encontraba detenido. Su crimen jamás fue esclarecido.

El año pasado en el lugar donde Jáuregui fuera asesinado, la FATPREN, junto Baldosas por la Memoria, y con la presencia de su hija Mariana, la adhesión de su viuda Ana -residente luego de un forzado exilio en España-, la companía de ex camaradas y colegas de lucha, y dirigentes de la Federación Internacional de Periodistas, se colocó en Anchorena al 600 una baldosa con su nombre, primer acto de reconocimiento que los trabajadores de prensa organizados le rendimos a 42 años de su trágica muerte.

(*) Periodista. Autor de La Historia de los Trabajadores de Prensa. Secretario de Prensa de la CGT Regional Lomas de Zamora

Título y bajada: Emilio Jáuregui ¡Presente! Hoy y siempre! / Porque tenemos historia y no perdimos la memoria

Fuente: fatpren.org.ar, 27/6/2012.

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COLOMINAS DISTINGUE A MARIO BENEDETTI

No hay certeza de que el  el autor (1) se haya reencontrado con este texto sobre una visita de Mario Benedetti a España publicado en el diario El País en 1980, cuando estaba en el exilio y la computadora era una máquina experimental en las redacciones.

Por Norberto Colominas

Desde el lunes se encuentra en Madrid el escritor uruguayo Mario Benedetti, exiliado en Cuba desde 1976. Benedetti opone a su reconocida versatilidad (poeta, cuentista, dramaturgo, novelista, autor de canciones y guiones cinematográficos y periodista) una fidelidad imbatible: la poesía.

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