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UN MES CON NÉSTOR SIN CUERPO PRESENTE

Los treinta días de la gestión de Cristina Kirchner fueron semillas para un nuevo tiempo en el que Néstor Kirchner estará presente con cada mensaje que evoque su pensamiento y obra. La construcción del mito comenzó en esas oleadas de jóvenes que lo lloraron su partida.

Por Armando Vidal

Al mes de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, la evocación para exaltar los méritos de su obra o para transmitir con expresiones elaboradas el pesar por todo lo contrario no incluyeron ningún paralelo con la muerte en ejercicio de la presidencia de Juan Domingo Perón, líder y fundador del peronismo.

No hubiera estado mal hacerlo ya que ambos dejaron a sus respectivas esposas solas y en el máximo poder de la República, si bien muy distintos fueron los 

treinta días que continuaron tras una y otra pérdida

Perón, fallecido el 1º de julio de 1974, dejó una profunda depresión; a Isabelita, débil, inexperta y asustada sometida a la influencia del ministro José López Rega, impulsor de la Triple A desde en el propio Ministerio de Bienestar Social.

Kirchner, en cambio, el 27 de octubre dejó a Cristina Fernández, que al quinto día ya estaba en la Casa de Gobierno como la misma jefa de Estado pero también como otra mujer con un estilo más contenido, más cerebral y midiendo cada declaración, profundamente herida por la irreparable ausencia frente a una sociedad toda que comprendió y fue solidaria con su dolor.

Bueno, casi toda.

Hubo un mes, sí, sin Perón. Un mes y mucho, mucho tiempo más.

Pero no hubo ni siquiera un minuto sin Néstor.

 En el caso de aquel Congreso, el Congreso que le dio el último adiós a Perón, hubo tras su muerte más problemas en el propio oficialismo en ambas Cámaras que con la oposición.

Distinto fue con el Congreso actual.

Aquella oposición acompañó en todo lo que pudo al gobierno de Isabel, que era muy difícil de ayudar, ante el enorme vacío de poder que había dejado la muerte de su esposo.

Garante de ese apoyo a la vicepresidente que asumió la primera magistratura fue el propio Ricardo Balbín, la máxima autoridad de la Unión Cívica Radical que, incluso, tuvo que vencer en una interna a su ex delfín e inesperado contendiente Raúl Alfonsín, quien tras el abrazo de aquél con Perón en 1972 se había puesto al frente de la corriente antiperonista del partido.

No fueron momentos fáciles en ningún sentido ya que en economía, por ejemplo, en 1975 se había producido el rodrigazo, obra de un ignoto ministro de Economía (Celestino Rodrigo) que impuso un colosal ajuste, preludio en ese campo a lo que haría meses después José Alfredo Martínez de Hoz en dictadura, equivalente a la obra de la Triple A con relación a los posteriores grupos de tareas, luego del golpe del 24 de marzo de 1976.

Aún así, Isabelita tuvo sus Presupuestos aprobados; Cristina, no.

En el mes de la muerte de Kirchner, la oposición, con la participación de sectores que no quisieron diferenciarse (Proyecto Sur y los socialistas) de los que fueron responsables de la crisis del 2001 (radicales, duhaldistas y menemistas), nada hizo para que al gobierno no le faltase esa herramienta. Y fue a tal punto de desestimar aprobarlo en general, lo que hubiera significado transferirle al oficialismo la responsabilidad de juntar los votos para la votación en particular de cada de cada artículo.

 ¿Era o no necesaria la ley, ya que eso es lo que significa la aprobación en general de la ley?

La oposición dijo, en los hechos, que no.

Pésimo antecedente que tiene responsables directos, en primer lugar el radicalismo cuya desorientación frente a su historia trasciende los arrebatos de Elisa Carrió, la líder de la Coalición Cívica obsesionada por lo que hacen los radicales en su relación con el oficialismo.

Grueso error, en especial para el sector que lidera Pino Solanas, en momentos en que los jóvenes están dando claras señales de querer involucrarse en la política para luchar contra sus miserias.

Desde que murió Néstor Kirchner y el extraordinario impacto que ello produjo algo profundo vibró en el corazón de muchos peronistas que no trepidaron en ponerse al lado de Cristina, dejando atrás las diferencias.

Es que esos peronistas, al margen de las confusiones de la etapa que en la que Néstor creía en la transversalidad y olvidaba a Perón, vieron que, enfrente de Cristina, estaban, juntos, los viejos enemigos de Perón.

El mes de noviembre fue también un espacio de exaltación del espíritu nacional –ese espíritu que los holding de la comunicación deprimen día a día- como representó el homenaje a la Vuelta de Obligado, a los 165 años de una batalla cultural ganada contra las fuerzas imperiales anglofrancesas de la época.

La historia no es un dato menor en política, aunque se la ignore u olvide como les pasó a los radicales a quienes, en 1965, la oposición, cuyo peso mayor eran peronistas pero sin partido porque no estaba reconocido, no le aprobaron el Presupuesto, tras lo cual meses después caería el gobierno de Arturo Illia en manos del dictador Juan Carlos Onganía.

Por eso, desde 1973 y luego de 1983 hasta estos días siempre el gobierno tuvo su Presupuesto, a diferencia de lo acontecido en el año del Bicentenario de Mayo

 El tema será parte de la campaña electoral y, por supuesto, habrá veredicto.