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LIBROS SOBRE EL CONGRESO

Perdón lector, déjeme acompañarlo por este lugar de belleza ajada, de palabras guardadas, de sueños sin héroes, donde hombres, y ahora también mujeres, hablan de la ilusión de la Patria común mientras pasan y pasan por un escenario que trasciende sus obras. Veamos juntos parte de un patrimonio cultural contado, sólo a modo de muestra, por un par de libros que dicen más de lo que dicen. Esto también es el Congreso de la Nación, mezcla de historia, política y crónicas policiales. Y no se pierda el comentario del final que también es parte del todo.

 El Palacio comprende un subsuelo, piso bajo y tres superiores. Exteriormente, el piso bajo constituye un basamento de granito gris sobre el cual apoya un intercolumnio de orden corintio que abarca la altura de los dos pisos siguientes. El tercero forma el ático en que remata el edificio.

Una amplia escalinata flanqueada por la rampa para carruajes conduce al peristilo hexastilo con frontón irregular. A ambos lados del peristilo decoran las alas laterales sendos pórticos con columnas empotradas, que contornean las restantes fachadas por las calles circundantes y en hemiciclo posterior de la Cámara de Diputados.

Sobre el peristilo se destaca una hermosísima cuadriga de bronce, obra del escultor Víctor de Pol y en el ápice de los pabellones esquineros se elevan gráciles victorias aladas con sus largas trompetas. La cúpula del Congreso es el elemento más atrayente del edificio.

Sobre el basamento cuadrado que emerge del centro del edificio apoya un tambor circular de 20 metros de diámetro, con intercolumnios jónicos Y cuatro salientes coronados por frontones. Ese tambor sirve de arranque a la cúpula de cobre ornada con nervaduras y focos de iluminación.

Esta termina en una corona profusamente decorada y un grupo de figuras quiméricas que forman pie al cuerpo del pararrayos. El piso del balcón que rodea a este último se encuentra a 80 metros de altura sobre el nivel de la acera, en el eje de la entrada principal. Esta altura, sumada al elevado nivel del terreno en que está emplazado el edificio, hacen la cúpula visible desde toda la ciudad (*).  Los vitreaux representan: la ciencia, los recursos económicos, las artes, el trabajo y la guerra.

 (*) El Parlamento argentino, 1854-1947, 1ª edición. Imprenta del Congreso de la Nación (28 de febrero de 1948).

Fuente: El Congreso Nacional y las Legislaturas Provinciales. Ed. H. Senado de la Nación, secretaría Parlamentaria, 1999.

Comentario

Por Armando Vidal

Este trabajo –que aquí se transcribe textualmente en su segunda mitad de la página 17 y toda la siguiente, que incluye una bella fotografía en colores del Salón de los Pasos Perdidos-, es el resultado de un proyecto presentado por el entonces senador santacruceño Felipe Ludueña y de una resolución en tal sentido del año siguiente cuyo primer artículo señala: Disponer la edición a través de la Imprenta del Congreso de la Nación de una publicación titulada Sistema Legislativo Argentino: La Nación y sus Provincias”.

Luego encomienda la recopilación del material a la Secretaría Parlamentaria del Senado de la Nación, a la cual se habilita para su conexión con las Legislaturas a través de los respectivos despachos de los senadores, con gastos a cargo del Senado de la Nación.

Firman: Eduardo Menem y Edgardo René Piuzzi. Se imprimió en noviembre de 1999. El presidente entonces del Senado era Carlos Ruckauf y Eduardo Menem continuaba siendo el presidente provisional. Se indica como responsable de la ejecución del proyecto a la subdirectora María Cristina Rodríguez y la compaginación de la Dra. María Victoria Sobre-Casas Dirección de Publicaciones,a Alejandro L. Colombo. El secretario Parlamentario era Juan Carlos Oyarzún y el prosecretario Parlamentario Mario Luis Pontaquarto, en tanto que Colombo era, además, el prosecretario administrativo.

En su prólogo, el Dr. Edgardo R. Piuzzi, secretario Parlamentario, señala que un observador poco atento a la vida parlamentaria podría hablar de la simplicidad de la vida interna de los Parlamentos y que “mayúscula sería su sorpresa si se adentrara con su curiosidad en el mundo interno de las instituciones parlamentarias”.

Puizzi tenía y tiene razón. Es una obra llena de sorpresas pero por otras razones.

Uno de ellas, su falta de rigor por todo lo que ignora como parte de ese mismo patrimonio. Por ejemplo: habla del cuadro de Juan Manuel Blanes en el Salón de los Pasos Perdidos, donde aparece Julio A. Roca con un parche en su cabeza producto de un piedrazo recibido antes de ingresar al viejo Congreso (inauguración de las sesiones de 1886) y prescinde de mencionar el de Antonio Alice, Los Constituyentes del 53, que está en el otro extremo. del Salón de los Pasos Perdidos Tampoco dice nada sobre el Salón Azul, donde, en 1974, velaron los restos del tres veces presidente Juan Domingo Perón.

Veamos otro libro de los muchos que editó el Congreso. En este caso Manual del Congreso Argentino, aparecido en 1971, también hecho en la Imprenta del Congreso de la Nación pero sin colores -salvo el escudo de la Confederación Argentina-, a diferencia del anterior.

Lo presenta Enrique Lavie quien aclara de entrada que la tarea de redacción le había sido encomendada por una resolución del 16 de agosto de 1965 del presidente de la Cámara de Diputados Arturo Mor Roig para hacer conocer qué es el Congreso y cómo funciona.

Dice sobre el Salón Azul: El Salón Azul, común a los dos cuerpos, posee una planta octogonal recubierta de mármoles variados entre los que asoman en cuadrados amplios nichos con grandes jarrones clásicos de bronca. Arriba, un balcón circular contiene la bóveda, que deja ver el intradós de la cúpula. Desde lo alto, a 59,50 metros, pende la majestuosa araña de bronce cincelado y cristal de Bacarat, una de las más notables obras de arte que atesora el Palacio.

Contiene en círculo de bronce ocho bajos relieves con escenas de la historia nacional, alternados con estatuas que sostienen los escudos de las 14 provincias tradicionales; entrelazadas aparecen imágenes alegóricas y manojos con espigas de trigo y cañas de azúcar, levantándose sobre éstas un templete con figuras ilustres de nuestra historia independiente, coronado el todo por una figura central que representa a la República.

El Salón Azul, provisto de grandes sillones y sofás, se halla totalmente decorado en ese color. Volvamos a Lavié, que cita las fuentes consultadas para la realización de ese trabajo de 255 páginas, porque al pie de ese prólogo titulado Palabras preliminares hay una nota que señala: “Este libro debió de haber aparecido el 9 de julio de 1966 en el sesquicenntenario de la Independencia y como homenaje del Parlamento al Congreso de Tucumán. Ve la luz ahora, cinco años después”. No lo dice: era el gobierno de facto del Gral. Alejandro Agustín Lanusse, cuyo ministro del Interior era precisamente Mor Roig, encargado de la salida política que se consumaría en 1973 y que a él, al año siguiente, le costaría la vida por un incalificable crimen político.

De algunos de los funcionarios que aparecen como responsable del primero de esos libros hablaron luego mucho los diarios, la Justicia y mañana, la historia.

Todo esto también es el Congreso.