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NOMBRES POR DOQUIER

Sigue la tendencia a poner nombres a distintos ámbitos del Congreso de la Nación, que en ciertos casos ni siquiera se justifica como llamar Juan Domingo Perón al Salón de los Pasos Perdidos

Por Armando Vidal

Poco propensos a cambiar la condición de furgón de cola de todos los Ejecutivos, los legisladores imponen y cambian nombres a salones del edificio del Poder Legislativo. Un hábito predilecto —pero no exclusivo— de los peronistas, ejercitado antes y ahora en cualquier lugar de la República.

Y que volvió a exhibirse en estos homenajes al ex presidente Juan Domingo Perón, a treinta años de su muerte. Seguramente a Perón le hubiera interesado mucho más que en la retahíla de discursos pronunciados en su honor en Diputados, el último jueves, alguien se hubiera acordado como deuda pendiente lo que en ese mismo recinto, el 1º de mayo de 1974, había dicho ante la Asamblea Legislativa con relación a otros cambios de mucha mayor significación que los letreros.

Fue cuando Perón resaltó que ya los partidos políticos habían demostrado su capacidad de cambiar la historia y enunció la necesidad de definir qué modelo de país querían los argentinos tomando en cuenta que eran mayores las coincidencias que las diferencias.

Fue su último discurso en el Congreso, expuesto como síntesis de su ajetreada vida política. Allí propuso reformar la Constitución para plasmar las conclusiones que fueran a surgir de un consejo especialmente creado con distintos sectores de la sociedad, además de los partidos, para definir el perfil del país futuro, o sea el de estos días. En el homenaje, ningún legislador recogió la inquietud, como tampoco lo hizo el Presidente Néstor Kirchner cuando el 1ø de marzo inauguró el período de sesiones, pese a que por momentos habló de algo semejante.

Ahora, los diputados que en nombre de la modernidad desarticularon en los años noventa las políticas del propio Perón (eran menemistas, duhaldistas y kirchneristas, sin distingos), el jueves pusieron su nombre al histórico Salón de los Pasos Perdidos, vinculado al varias veces centenario origen del Parlamento. La autora del proyecto es la ex menemista Inés Pérez Suárez.

Si bien su intención fue llamar así al Salón de Honor de la Cámara, que forma parte del despacho del presidente de la Cámara, lo concreto fue que sin que ella siquiera se enterara el nombre de Perón saltó de un salón a otro. Pérez Suárez —integra el interbloque que comanda Adolfo Rodríguez Saá—, ya había conseguido imponer el nombre de Delia Parodi al salón de los acuerdos de la labor legislativa, en homenaje a una diputada evitista del peronismo fundacional.

 En el Senado, el Salón Rosado lleva ahora el nombre de Eva Perón y el salón de Lectura el del ex presidente radical y ex diputado Arturo Illia, en tanto que el salón del vestíbulo de la entrada principal del Congreso tiene el nombre de Carlos Perette, ex vicepresidente y ex senador radical, cuyo busto rodó por las escaleras en el asalto al Palacio a fines de diciembre del 2001.

A un pasillo que desemboca al recinto de Diputados, en tiempos de Rafael Pascual como presidente del cuerpo, le pusieron el nombre del fotógrafo asesinado José Luis Cabezas y, antes, al edificio anexo de Diputados, el de Juan Carlos Pugliese, radical, recordado titular del cuerpo entre 1983 y 1989.

Hay cosas en que el Congreso todo lo puede sin que a nadie le importe demasiado.

Volanta, título y bajada: Polémica decisión de la Cámara de Dipùtados/ Salón de los Pasos Perdidos, otra víctima del cambio de nombres en el Congreso / Ahora se llama Perón. La autora del proyecto fue la ex menemista Inés Pérez Suárez. El nombre era para otro salón. Pero alguien quiso que fuera para el más emblemático.

Fuente: Clarín, 3/7/04.