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OCUPACIÓN DE RECINTOS

Como parte de una negociación de carácter salarial, la conducción de la Asociación del Personal Legislativo decidió una tarde ocupar ambos recintos del Congreso de la Nación en protesta por la falta de una respuesta positiva por parte de las autoridades. Lo hicieron pese a que un poder de la República no es una fábrica ni los trabajadores parlamentarios tienen privilegios con relación al resto de los trabajadores. Aquí el secretario del gremio explica y justifica lo realizado. 

Por Armando Vidal 

El secretario general del gremio Norberto Di Próspero dijo que la toma era igual a una reciente realizada por trabajadores telefónicos con la empresa. Sus declaraciones dan clara idea de lo que es un poder de la República desprestigiado afuera por lo que sus actores hacen adentro.

- ¿Por qué se decidió la toma del Congreso?

- Sin esta medida, no hubiéramos logrado nada.

Fue la explicación que Di Próspero dio al filo de las nueve de la noche, cuando ambas Cámaras aún seguían tomadas por los trabajadores.

- ¿A quién responsabiliza por este conflicto?

- No vamos a buscar culpables...

 - Bueno, ¿cómo se generó?

- Estábamos en medio de una negociación que preveía un aumento de 100 pesos para enero y el viernes nos dijeron que eso estaba en duda y que lo discutiríamos la semana próxima, que acá no va a haber nadie. Como decisión estratégica aprobamos esta medida.

- ¿Podrían ser demandados por haber interrumpido las sesiones?

 - No tenemos temor porque defendemos los derechos de los trabajadores. Los telefónicos tomaron seis días la empresa y nadie los demandó.

- Pero esto es el Poder Legislativo de la Nación...

- Lamentamos la imagen que dimos hacia afuera pero es el ámbito el que está desprestigiado y no los trabajadores legislativos.

 - Cree que hubo intención de la conducción de la Cámara por trabar sesiones con temas conflictivos como el pedido de juicio político a Antonio Boggiano?

- No hubo intencionalidad política de ninguna de las partes. Ni siquiera se quién es Boggiano.-

Fuente:  Escrito para Clarín