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VUELVE EL CONGRESO A LO PEOR DE SU PASADO

La experiencia lleva al editor a escribir este artículo con motivo de lo que está sucediendo en el Círculo de Legisladores de la Nación, cuya conducción  pretenden duhaldistas y asociados, mientras suceden otras cosas que podrían transformar al escándalo del diputrucho en una travesura.

Por Armando Vidal

El ex senador y presidente de apuro por el incendio que desató el anterior gobierno de la Alianza, el peronista Eduardo Duhalde, sonreía y aplaudía el discurso con arrebatos del presidente Mauricio Macri en la Asamblea Legislativa del 1º de marzo. La TV oficial lo mostró con predilección.

Gestos atinados cuando el oficialismo busca candidatos/as para encabezar sus listas en la provincia de la todavía sonriente gobernadora del Pro. Quizás Chiche Duhalde, ex diputada con méritos propios por su obra hace veinte años, un asunto que está por verse como casi todo lo relacionado con el gobierno de Macri.

A los peronistas que están con Cambiemos, ya se sabe, no les importa demasiado ser comparados con los socialistas independientes y con los radicales alvearistas que formaron parte del régimen de la Década Infame en los años treinta.

A unos no les importa quién fue Juan B. Justo, en tanto que los otros se olvidaron de Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen y hasta de Raúl Ricardo Alfonsín, el peor de todos para ellos porque el ex presidente caracterizado como enemigo por parte de los golpistas, la Sociedad Rural y los diarios del establishment está vigente en la memoria de todos los argentinos, y al que estos radicales defraudaron por dos monedas, por no decir traicionaron, término más apropiado en el léxico peronista.

Y como diría mucho después uno de esos socialistas que estaban con Federico Pinedo, el abuelo, y que en 1945 fundaría un diario, la lucha hay que darla en todos los frentes.

Por eso, una de esas refriegas se avecina en un ámbito propio del Congreso de la Nación, donde los peronistas que miran con simpatía a Macri, no sólo quieren más bancas para el gobierno sino también la conducción del Círculo de Legisladores de la Nación.

Parece una meta pequeña pero no lo es tanto cuando se toman en cuenta lo que tiene en expansión edilicia y lo que ha crecido en los últimos años con una administración valorada por su transparencia, al menos a ojos vista.

Todavía en el sitio oficial de esa institución nacida en 1961 y convalidada por ley en 1975, que hoy preside el peronista prekirchnerista santacruceño Francisco Toto –diputado de la nación entre 1991 y 1995-, no hay referencia alguna acerca de cuando serán las nuevas elecciones que debieron realizarse el año pasado pero que no se concretaron por un pleito que terminó en la Justicia.

Fue por la inesperada y prepotente irrupción en una asamblea por parte de un grupo de ex duhaldistas que quieren desplazar a Toto para lo cual se aglutinaron en una lista identificada con los colores amarillo y blanco que no dejan dudas acerca del cuadro del que se trata y no precisamente del Vaticano.

Todavía no apareció Eduardo Amadeo pero hay otros de fama bien ganada como los peronistas Angel Abasto, más los radicales Roberto Sanmartino, Rafael Pascual y la cuasi radical jujeña María Cristina Guzmán.

La puja tiene su historia y quiso consumarse de apuro cuando ese grupo de ex legisladores, comandados por el ex diputado bonaerense Daniel Basile, irrumpió en la asamblea que debía fijar la fecha de las elecciones, intento de copar la parada que terminó en un escándalo.

A diferencia del Círculo de Periodistas Parlamentarios, que desde 1984 tiene su estatuto, el Círculo de los Legisladores parece no tener ninguno. Al menos, eso es lo que sugiere el sitio oficial (http://www.clna.com.ar) , donde en el lugar que correspondería no aparece nada.

Sólo dice que son socios plenos los diputados, senadores y convencionales constituyentes que ejerzan o ejercieron el cargo y que son socios activos los “plenos que expresamente requieran revistar en tal carácter”.

No se entiende bien la redundancia del texto que parece formar parte de la tradicional imprecisión del legislador que, en ciertos casos, aprueba redacciones de normas que quedan abiertas a la interpretación a la Justicia cuando haya algún pleito por resolver. Caso que parece ser éste porque la tenida que desató Basile al comando de su grupo se estaba por definir ahora en el juzgado federal Nº 1, María Servini de Cubría, a quien el gobierno de Mauricio Macri, dicho sea de paso, quiere sacar del medio antes de que sea la responsable mayor de la supervisión de las elecciones de octubre que, tal las cosas, parecen oscilar entre el adiós de Macri al estilo de Fernando De la Rúa en el caso de derrota o la reelección de Macri en 2019 si aconteciera lo contrario.

 En sus cargos principales, la comisión directiva está formada por Patricio Francisco Toto, su presidente, la ex senadora Liliana Gurdulich (vicepresidenta), la ex diputada Virginia Sanguineti (vice segunda), el rionegrino ex diputado Héctor Ganem (secretario general), la ex diputada María H. Acevedo de Literas (tesorera), el ex diputado democristiano Angel Bruno (pro tesorero) y Bernardo H. Montenegro (Frejuli) como secretario de actas.

Hay otros cargos y de todos ellos el único legislador en ejercicio es el rionegrino Miguel Pichetto, ex menemista y ex kirchnerista, alineado siempre en ejercicio de la verticalidad por su conocida condición de peronista que nadie discute y que hoy representa a la Liga de los Gobernadores, filo oficialistas por oportunismo, el caso del salteño Juan Manuel Urtubey o por necesidad de obras, caso de todos condición para la cual existe el ministerio del Interior y Obras Públicas hermanados en uno.

Otra que el viejo Pinedo con relación a su nieto, tomando en cuenta al ministro Rogelio Frigerio con relación a su abuelo.

Finalmente: atención periodistas parlamentarios, los conocidos y respetados y no los que merodean trabajando para los servicios o en su momento para el 601, que volvieron como si nada hubiera pasado.

Y no sólo por este pleito de entrecasa  en el Círculo de Leisladores sino por las leyes en trámite como la del juicio por ausencia que impulsa, entre otros, el propio Pichetto para blanquear los incalificables atentados de la embajada de Israel y de la AMIA.

No sea cosa que el diputrucho, escándalo del que se acaba de cumplir un cuarto de siglo (ver: Grandes escándalos), quede a la altura de un poroto.