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EL CURA LADRÓN

Veinte años después de los hechos, en una investigación sobre robos de materiales culturales y con el eufemismo de llamar "cura del Congreso" a quien lisa y llanamente era un cura ladrón, que no era del Congreso, Clarín publicó este resumen del episodio.

El caso "del cura del Congreso" fue una de las crónicas policiales que los argentinos siguieron con atención en febrero de 1983.

La sección Colecciones Reservadas del edificio era una de las pocas activas.

Desde marzo de 1976, la dictadura había terminado con la actividad legislativa y una de las pocas noticias que generó el lugar fue cuando se transformó en el escenario de uno de los robos de libros más famosos.

La denuncia de la desaparición de 31 libros antiguos y valiosos por la encargada de esta sección, Pilar Maleville, desató el escándalo.

La mujer se dio cuenta de la falta de los libros cuando vio que el padre Lucas Tapia hacía movimientos extraños con un libro que había pedido para consultar.

El cura era conocido por su conocimiento en libros. "Era capaz de decir si a un libro le faltaba una página con sólo mirar el lomo", contó a Clarín Maleville.

El sacerdote había sido presentado a esta mujer por Ismael Glusman, un prestigioso médico que solía ir a hacer consultas a esta sección a la que no podía acceder el público en general. Sólo los investigadores —previa autorización de la dirección— podían ver el fichero y abrir los libros. Algo que el religioso nunca hizo: "Hija, los sacerdotes no usamos cédula sino sotana", le decía a la empleada de la entrada cada vez que llegaba.

Así los ingresos de Tapia no quedaron registrados.

Maleville hizo la denuncia sobre la desaparición en forma oral a los directores de la biblioteca y como no daban respuesta decidió hablar con el médico sobre el robo.

Sorprendido, el médico fue a ver al cura. Volvió con el libro que despertó la atención de la bibliotecaria Maleville. Pero como el resto de los libros no aparecían decidió hacer la denuncia en forma escrita.

Finalmente, la denunciante quedó presa.

El cura confesó el robo y acusó como cómplices a la mujer y al médico mientras explicaba que los libros tenían como destino a generales y funcionarios de la dictadura militar.

La sorpresa llegó con el allanamiento de la iglesia María Auxiliadora de la localidad de Malaver en donde Tapia era párroco.

En la biblioteca del sacerdote había 200 libros robados de 7 bibliotecas públicas entre las que estaba el Archivo General de la Nación, la biblioteca del Museo Mitre, el Museo de Arte Hispano Americano, la biblioteca del convento Santo Domingo y la Biblioteca Nacional.

Después de pasar varios días presa, Maleville quedó en libertad y sobreseída.

Volvió a trabajar en la biblioteca, en donde se jubiló, pero nunca regresó al sector de Colecciones Reservadas ni tampoco fue ascendida.

A los pocos días de salir preso, el médico murió en un extraño hecho que quedó caratulado como muerte dudosa y sin pruebas en su contra de haber participado del robo. Tapia sí las tenía. Estuvo seis meses preso.

Cintillo, sección, volanta y título: Informe espeical/ Cultura/ Una historia de película/ El caso del "cura del Congreso"

Fuente: Clarín, 20/4/03.

Edición especial: Congreso Abierto (www.armandovidal.com)