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HOMENAJE A PILAR MALLEVILLE

La Asociación del Personal Legislativo realizó el 1º de diciembre de 2008 un acto de desagravio a Pilar Malleville, la empleada de la Biblioteca del Congreso de la Nación que en dictadura denunció a un sacerdote –Lucas Tapia- de haber hurtado libros que escondía bajo su sotana del sector reservado de la cual era la jefa y por lo cual fue ella la sumariada y encerrada en prisión por 45 días. Un caso de gran conmoción interna acontecido en 1983 que tuvo en el abogado de la víctima Ricardo Monner Sans a su eficiente defensor hasta lograr el pleno esclarecimiento de los hechos con reparación de su buen nombre y honor por un fallo de Cámara que la sobreseyó. Esta parte de la historia de las vergüenzas que también tiene la casa mayor de las leyes argentinas fue contada con todos sus detalles en un capítulo del libro El Congreso en la trampa, de Armando Vidal, aparecido doce años después del escándalo. Esa fue la primera reparación.

Ese emotivo acto concretado después de varios años de su retiro, contó con la participación del secretario general de APL, Norberto Di Próspero; del presidente de la Comisión Bicameral Administradora de la Biblioteca, diputado Juan Carlos Gioja, y del director coordinador general de la Biblioteca, Bernardino Cabezas, además de hijos y nietos de la homenajeada, junto a un numeroso público de viejos compañeros de Malleville y de los nuevos empleados del sector. También estaba, como uno más, acompañado por su esposa, el abogado Monner Sans.

En la apertura, el diputados Gioja resaltó la importancia del accionar de Pilar y calificó la razón misma del encuentro como “un testimonio de lo que debemos hacer para mantener el prestigio de la casa”.

Por su parte, Vidal dijo que la diferencia entre la Justicia y el trabajo del periodista es que éste "adelanta su juicio" como aconteció en este escándalo. Y agregó: “Pilar sufrió mucho y su ejemplo es para los buenos empleados del Congreso, que hay muchos”, un modo de estimular a quienes con su trabajo dignifican la labor en un ámbito político y dirigido por políticos.

El cierre estuvo a cargo de Di Próspero quien expresó su propia emoción “al ver a viejos compañeros de la Biblioteca, entre ellos a mi primara jefa”. Añadió: “Hoy venimos a intentar cerrar una herida que tenía tanto la Biblioteca, como los empleados legislativos”, a propósito de lo cual recordó a su padre cuando le decía que “los homenajes hay que hacerlos en vida porque son una caricia para el alma”.

Concluyó: “Por eso hoy estamos haciendo este reconocimiento a la compañera Pilar, que no hizo más que cumplir con su deber. Ahora tenemos una asignatura pendiente menos”. 

Todos, después, se acercaron a saludar con cariño a Pilar Malleville, quien había seguido la ceremonia sentada al lado de su hija, en silencio, con su mirada limpia y una suave sonrisa de agradecimiento.