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ESTAFAS EN LA PROPIA CASA

La falta de rígidos controles en la administración de los recursos públicos genera situaciones como la que aquí se consignan. Maniobras ilícitas en desmedro del Senado de la Nación por parte de altos funcionarios y con la Imprenta del Congreso de la Nación usada como pantalla.

Por Alfredo Gutiérrez

El pasado a veces se empeña en aparecer cuando ya nadie lo espera: esta semana se supo que dos ex altísimos funcionarios del Senado en los 90 fueron procesados por peculado, y embargados en 500.000 pesos cada uno, por maniobras con facturas y recibos "mellizos" de trabajos de la imprenta del Congreso.

El perjuicio calculado por la Justicia es de más de dos millones de pesos-dólares.

Los procesados son Edgardo Murguía, secretario Administrativo del Senado entre 1991 y 1995, y Edgardo Piuzzi, secretario Parlamentario en 1991 y 1998, año en que fue designado embajador en Túnez. Los dos eran hombres de máxima confianza del entonces senador Eduardo Menem.

También está procesada Matilde del Valle Guerrero, quien estuvo a cargo de la Secretaría Administrativa entre el 95 y el 99, bajo las órdenes del ahora diputado Carlos Ruckauf.

Los tres ocuparon la más alta jerarquía a que puede aspirar un funcionario de la casa, al punto que sus salarios estaban equiparados al de un senador.

Y coincidieron en una época de escaso control —por no decir descontrol— sobre el uso de la "caja" del Senado.

De aquel tiempo, se comenta de legisladores que cuando se fueron debían dietas cobradas como "adelantos" —que nunca devolvieron—, pasajes y rendiciones de viajes.

La maniobra con la imprenta del Congreso sólo pudo suceder en aquel escenario.

Por orden de Murguía, el Senado pagaba en efectivo trabajos realizados por la imprenta —publicación de diarios de sesiones, o libros—, pero se emitían dos recibos: el oficial y uno "mellizo" por un valor sensiblemente inferior.

El dinero —cobrado en el banco por algún funcionario— salía del Senado pero sólo ingresaba una parte a la imprenta del mismo Congreso. El resto quedaba en algún bolsillo.

Para eso fue necesario, según la medida firmada por el juez Rodolfo Canicoba Corral, que en el Senado se den como "recibidos" más ejemplares que los que realmente se imprimieron, de modo de justificar los pagos.

En concreto, se pagaba por caso por 3.000 ejemplares cuando en realidad sólo se hicieron 2.000.

El fallo abunda en ejemplos: por la factura 613/97 el Senado pagó 75.481 pesos, pero ingresaron a la imprenta sólo 20.923.

En el expediente 18.966/93 se pagaron 208.879 pesos, pero a la imprenta llegaron 53,38. Y por el 30.312/98 la Cámara pagó 307.040 contra sólo 14 pesos que dice el recibo "mellizo".

En la causa están detallados una veintena de casos, y tienen procesamiento en firme otros ex funcionarios como el ex tesorero del Senado Eduardo Cartelli, y el ex director de Publicaciones Alejandro Colombo. Ambos fueron exonerados.

La denuncia fue hecha en julio de 2002 por el apoderado judicial del Senado, Juan Carlos Salerni, cuando corrían vientos de renovación política. El Presidente de la Nación era Eduardo Duhalde y el titular del Senado, Juan Carlos Maqueda, ahora juez de la Corte Suprema.

Poco antes había sucedido una de las peores crisis de la historia democrática, que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa y provocó duros cuestionamientos a la política y todo lo relacionado con ella.

Aquella fue la primera vez en la historia que el Senado se convirtió en querellante, y Salerni siguió la causa con ahínco todos estos años. Las consecuencias —procesamientos y detalles de las maniobras— llegan hasta hoy y muestran que el pasado nunca se va del todo.

Como para que el descontrol no vuelva a repetirse.

Título y bajada: Desde el Congreso: acusados de peculado en la causa de la Imprenta/ Procesaron a dos hombres fuertes del Senado de los 90

Fuente: Clarín, 4/12/06