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1852, NO DE MITRE AL ACUERDO
El Acuerdo de San Nicolás, en 1852, abrió paso para que, al año siguiente, la Confederación, trece de las catorce provincias, aprobaran en Santa Fe la Constitución, de la que hablan tanto los liberales en el diario La Nación, pese a que Bartolomé Mitre la boiocoteó y Buenos Aires no participó.
Santiago Chervo (h) y Miguel Angel Migliarini (*)
Veamos cuál era la situación en que se encontraba el país, transcurridos cuarenta años de la Revolución de Mayo de 1810, según el Dr. Juan Carlos Cassagne, un destacado nativo de San Nicolás de los Arroyos, miembro de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. (8)
El régimen de Rosas se había impuesto, aparentemente, en todo el territorio nacional, luego de cruentas y encarnizadas guerras civiles, en las que perdieron la vida muchas personas de distinto rango social e ilustración, donde afloraron sentimientos de venganza y una crueldad desconocida en la época en que pertenecíamos a España.
No obstante el triunfo de nuestros ejércitos en la guerra de la Independencia, la falta de un poder nacional que vinculara a las provincias a través de un centro político, bajo los principios de un gobierno representativo y del imperio de la ley, produjo como resultado la entronización de la anarquía en lo interno, y la desmembración de gran parte de las regiones que integraban el Virreinato del Río de la Plata.
Esa ausencia unida a la abolición de los únicos gobiernos representativos que ejercían los antiguos Cabildos coloniales creó un vacío político descomunal que abrió un amplio margen para la aparición de los caudillos locales y la sustitución del gobierno de la ley por la voluntad de estos últimos.
Los sucesivos intentos tendientes a establecer una organización constitucional definitiva para nuestra República fueron vanos. Ese estado de cosas no podía durar mucho tiempo porque obedecía a un marcado predominio de Buenos Aires sobre el resto de las provincias apoyado en una alianza circunstancial que ni siquiera configuraba una Confederación orgánicamente constituida.
De hecho, el poder económico estaba centralizado en la provincia de Buenos Aires. La mayor parte de los recursos eran percibidos por su Aduana. Subsistía un movimiento generalizado a favor de la organización constitucional de la República bajo el sistema federal.
La prédica de gran parte de los exiliados, principalmente de aquellos que pertenecieron al círculo de la llamada generación de 1837, que no comulgaban enteramente con la ideología del partido unitario, contribuyó a inclinar la balanza hacia la forma federal de gobierno.
De cara al desarrollo de ese movimiento, al que finalmente Urquiza terminó incorporándose, asumiendo su liderazgo, Rosas sólo atinó a difundir la carta de la hacienda Figueroa en la que le manifestaba, quince años antes a Quiroga, que el país no estaba preparado aún para darse su carta constitucional.
Lo cierto es que, al culminar los cuarenta años del movimiento de Mayo de 1810, de los dos objetivos de la Revolución sólo se había alcanzado el relativo a la proclamación de la independencia de España, reemplazando, como ha apuntado con agudeza Alberdi, el gobierno virreinal por el de Buenos Aires.
El otro objetivo, que era la instauración de un gobierno representativo, libre y democrático, recién se alcanzó a partir de la Constitución de 1853 y las posteriores reformas constitucionales.
Y si bien no tuvimos un timón que nos permitiera dirigir el barco nacional, con las provincias unidas e integradas hasta 1862, no se puede desconocer que el verdadero punto de partida de nuestra organización constitucional fue el Acuerdo de San Nicolás. Esta autoridad nacional, si bien restringida, albergaba el embrión de la unidad nacional, puesto que constituía algo más que el mero encargo de las relaciones exteriores de una Confederación de hecho, que las legislaturas provinciales venían delegando a partir del gobierno de Dorrego.
La característica fundamental del Acuerdo, en comparación con cualquiera de los pactos preexistentes, incluso el Pacto Federal, radica en que éstos no dieron nacimiento a una autoridad nacional ejecutiva, como lo hizo el Acuerdo de San Nicolás al constituir la figura del Director Provisorio de la Confederación en la persona del Gral. Urquiza, dotándolo de facultades mínimas para ejercer su cometido.
II. Prolegómenos del Acuerdo: la influencia de Pujol.
Tras la caída del gobierno de Rosas, tanto Urquiza como los más destacados hombres públicos de Buenos Aires y de las provincias, algunos de los cuales volvían del exilio impuesto por las persecuciones políticas desatadas durante la dictadura rosista, comprendieron que el primer paso consistía en realizar un pacto previo a la sanción de una Constitución definitiva en el orden nacional que estableciera, entre otras cosas, la forma de gobierno junto a la organización de los poderes del Estado, la regulación de las relaciones entre la Nación y las provincias, los mecanismos representativos que aseguraran el imperio de la soberanía del pueblo y de la ley, así como el reconocimiento de los derechos individuales de los ciudadanos.
La necesidad de dictar una Constitución aparecía fundada también en diversos antecedentes preconstitucionales que demuestran que el propósito de sancionar la Constitución estaba profundamente enraizado en la dirigencia política argentina.
Pero la concreción de la idea de convocar a una reunión de Gobernadores para celebrar el Acuerdo de San Nicolás fue obra de Juan Gregorio Pujol, ministro de la provincia de Corrientes, quien, en los momentos que sucedieron a Caseros, fue uno de los principales consejeros del Director Provisorio de la Confederación.
Fue así que después de suscribir el Protocolo de Palermo, en los primeros días de abril de 1852, las provincias de Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe encargaron al Gral. Urquiza la dirección de las relaciones exteriores de la Confederación y al propio tiempo, convocaron a los gobernadores de todas las provincias a una reunión en San Nicolás a llevarse a cabo el 20 de mayo de ese año.
Para ese tiempo, Urquiza había encomendado a Bernardo de Irigoyen la misión de convencer a los gobernadores de unir sus voluntades en un Acuerdo que sirviera para la organización interina del gobierno nacional y fijara las bases de la convocatoria a un Congreso General Constituyente encargado de dictar la Constitución del país.
El pensamiento de Pujol era eminentemente práctico porque si se hubiera prescindido de la voluntad de las provincias, como dijo Alberdi en Las Bases, en lugar de la paz y el orden, hubiéramos tenido catorce guerras civiles en vez de una, con las consiguientes demoras en el proceso de la organización constitucional.
* El poder del puerto
La disconformidad porteña posterior fue obra de un proceso de amalgama política que se fue perfilando en el tiempo, dejando traslucir, tras la máscara de los debates, las verdaderas razones por las que Buenos Aires no quiso integrarse a la Confederación, que no eran otras que los intereses del puerto y del comercio, la disposición de las rentas de la Aduana y el predominio político que siempre quiso imponer a las provincias a partir de la Revolución de Mayo.
No está de más recordar que otras cuestiones dividían el pensamiento de los principales protagonistas del nuevo proceso.
Las divisiones quedaron reflejadas en San Benito de Palermo la noche del 5 de mayo de 1852 durante la reunión que, por invitación del Gral. Urquiza, celebraron Vicente Fidel López, Valentín Alsina, Francisco Pico, Dalmacio Vélez Sarsfield, el Gral. Tomás Guido, José Benjamín Gorostiaga y Juan Pujol, para considerar el proyecto de este último sobre cómo debía ser el contenido del pacto preliminar a la convocatoria a un Congreso General Constituyente.
Lamentablemente las cosas no ocurrieron de ese modo y el proyecto de Pujol no fue aceptado encomendándose la redacción de otro a Pico, el cual fue objeto de los debates que hubo en las sesiones que precedieron al Acuerdo de San Nicolás.
III. El lugar del Acuerdo: razones que determinaron la elección de San Nicolás
A mediados del siglo XIX, San Nicolás de los Arroyos era un centro social de relativa importancia en población y comercio, que contaba incluso con escuelas, sobretodo si se la compara con la realidad que exhibían otras ciudades del país (aproximadamente la mitad de Córdoba y el doble de Rosario, según el testimonio del viajero inglés William Mac Cann de 1847).
La opinión que le mereció en esa época a Lucio V. Mansilla, que vivió en la ciudad justamente poco tiempo antes de la caída de Rosas, refleja la imagen de los que realmente era San Nicolás en los albores de la organización nacional. (9)
La evolución que tuvo la ciudad, declarada como tal en 1819 por el Congreso Constituyente, es otra historia, sobre todo a partir de las postrimerías del siglo XIX, en que parece eclipsada por el desarrollo de Rosario, lo cual coincide con la acentuación de la tendencia emigratoria, que se advierte por el hecho que muchas de las principales familias pasaron a radicarse definitivamente en Buenos Aires. (10)
Algunas figuras destacadas de nuestra historia habían nacido allí, antes de celebrarse el Acuerdo. Para citar dos ejemplos alcanza la mención de José Francisco Benítez (secretario de la Convención Constituyente de 1828, ministro de Estanislao López y diputado de la Convención Nacional Constituyente de 1860), gracias a cuya iniciativa vinieron los salesianos a San Nicolás en 1875; sin olvidar a José Luis Bustamante, verdadero pionero de nuestros estudios histórico-políticos; ni al Coronel Facundo Borda, fusilado en 1842 por orden de Oribe.
A ellos se suman otros personajes nativos y también aquellos que habitaron la ciudad provenientes principalmente Tucumán y de Córdoba, que podrían, asimismo, servir para demostrar que San Nicolás de los Arroyos era, en esa época, al contrario de lo que se había dicho, algo más que un pueblito. (11)
Esta imagen de la ciudad aparece reflejada en un reciente trabajo publicado en La Nación por María Sáenz Quesada, en el que se dice que "San Nicolás, donde se firmó el Acuerdo, una población de 7000 almas, con tiendas de todo género, artesanos, médicos y hasta profesores de piano, además de extranjeros ocupados en la navegación fluvial, estaba en condiciones de adoptarse a los nuevos tiempos”. (12)
Esto último no ocurrió a raíz de la prolongada secesión que mantuvo a la provincia de Buenos Aires separada de la Confederación, circunstancia que inclinó, a favor de la entonces Villa del Rosario, el eje del desarrollo de la región.
* Lugar estratégico
Pero el motivo real que llevó a Urquiza y sus consejeros a elegir a San Nicolás como lugar de la reunión de gobernadores fue una razón de equilibrio histórico político.
En efecto, si por una parte, dadas las resistencias internas y provinciales, era inviable una convocatoria de los gobernadores en Buenos Aires, tampoco hubiera sido oportuno hacerlo fuera de su radio de influencia.
El momento político era delicado y los pasos había que darlos en forma firme pero progresiva y aunque finalmente la estrategia adoptada no impidió la ausencia de Buenos Aires en Santa Fe, para sancionar la Constitución de 1853, ello fue porque triunfó por algún tiempo la tendencia separatista provincial, temerosa de perder sus ventajas económicas y el poder político.
San Nicolás fue, en la visión de Alfonso de Laferrere, algo así "como un sitio de coincidencia de corrientes opuestas en la vida argentina y ésta es una de las causas que han contribuido a mantener la tradicional cultura de su sociedad, de la que salieron hombres descollantes en todas las actividades del país". (13)
Agrega Laferrere que "su fidelidad a la causa de Buenos Aires no le impidió comprender el espíritu de las otras provincias y dar eco a sus intereses y aspiraciones ". (14)
* 14 Abril de 1852. Protocolo de Palermo
El Protocolo de Palermo fue un acuerdo firmado el 6 de abril de 1852 por Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Rios, y los representantes de las provincias de Santa Fe (Manuel Leiva), Corrientes (Benjamín Virasoro), y Buenos Aires (Vicente López y Planes, gobernador interino designado por Urquiza).
En él encomendaban al general Urquiza las relaciones exteriores, como representante de la República, hasta que se pronunciase el Congreso Nacional, e invitaban al resto de gobernadores provinciales a reunirse en San Nicolás de los Arroyos para discutir la Constitución.
“Queda autorizado el expresado Excelentísimo Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército Aliado Libertador, Brigadier don Justo José de Urquiza, para dirigir las Relaciones Exteriores de la República, hasta tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca definitivamente el Poder a quien compete al ejercicio de este cargo”.
En la Circular a los gobernadores invitándolos a concurrir a San Nicolás, con el objeto de que propender a la organización de la República, se decía que se deseaba “solemnizar el día 25 de Mayo con la apertura de una convención nacional, en la que los mandatarios de la Confederación pudieran aunar sus pensamientos políticos y tratar de cerca los intereses generales de la manera mas eficaz, y que mas tendiera a la realización del pensamiento de la época.
Urquiza manifestaba, personalmente en esa comunicación a los gobernadores, “que había elegido el 25 de Mayo para la apertura de la reunión, porque ese era el día mas memorable de la América Meridional, pues en el se inauguró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y en el debía colocarse la piedra fundamental de nuestra Constitución”. (15)
* La Casa, el pueblo y los personajes
En mayo de 1852, en la esquina de las hoy Calle de la Nación y de la Guardia Nacional, vivía Jacinta Acevedo de Pareja, la gentil dama preparaba su casa para recibir a Urquiza. Su sobrino era Juan José Pastor, la autoridad del pueblo, en ausencia de Pedro Alurralde.
Desde Rosario se aprestaba para viajar a San Nicolás una banda de músicos que fuera solicitada, al mando de su director Juan Burone Lercari. (16)
El día 20, en la ciudad de San Nicolás se esperaba a los gobernadores que llegaban desde Rosario por el camino mas corto, la Posta de Gregorio Tello, en el Arroyo Pavón, camino que acortaba el que pasaba por la Posta de Vergara o del Arroyo del Medio. (17)
Por los polvorientos caminos iban rodando los carruajes, con sus ejes bien engrasados y un chirrido que por las noches delataba el tránsito de los viajeros. (18)
Más afortunados eran los gobernadores de las provincias mesopotámicas, entrerrianos y correntinos que desembarcaban de sus veleros en la costa del viejo muelle, en el nacimiento de la hoy Avenida Alberdi, deslizándose entre la ranchada rústica de los suburbios, para llegar por la hoy calle de la Guardia Nacional, a la Plaza Principal, y por allí a la hoy Calle Sarmiento donde estaban todas las principales reparticiones oficiales de la ciudad, comandancia militar, juzgado de paz, policía, cuartel y cárcel.
Desde allí eran acompañados para su ubicación en las casas de familia.
El juzgado de Paz había resuelto iluminar y embanderar la ciudad los días 23 a 26 de Mayo, celebrar un Tedeum, contratar una orquesta de Buenos Aires, realizar un programa de bailes y la designación de señoras para la preparación de empanadas, dulces criollos y panales en abundancia. Se encargaron licores a dos confiteros locales.
Cuando los gobernadores iban llegando, el pueblo los recibía con grandes saludos, salvas de artillería y partidas a caballo que escoltaban a las galeras de los visitantes por las calles engalanadas de flores y banderas.
Juan José Pastor, Juez de paz sustituto, dio instrucciones a los alcaldes de cuartel quienes debían cuidar, bajo la mas seria responsabilidad, que no hubieran reuniones de vagos, ebrios, y mal entretenidos, tanto en los almacenes de bebidas, como en las pulperías, fondas y tabernas. (19)
El gobernador de Buenos Aires Vicente López y Planes, y su hijo Vicente Fidel, se hospedaron en la casa de Francisco Javier Acevedo. El autor del Himno Nacional, vestía con frac de alto cuello, pechera de encajes blancos, y capa granate. Bernardo de Irigoyen se instaló en la casa del ex comandante militar José Melián, ubicada donde hoy se encuentra la Aduana, en el inicio de la bajada Belgrano.
Otro gobernador Domingo Crespo, se hospedó en la casa de la Sra. Adelaida Ruiz de Molas, en la actual calle Italia Nº 15. En la casa de Teodoro Fernández, en calle Francia, frente a la actual Escuela Nº 1, se alojaron los Dres. Francisco Pico y Dalmacio Vélez Sarsfield.
El día 25 de Mayo la ciudad se preparaba en forma. Lucían sus mejores galas las señoras y las niñas; especialmente éstas, porque los secretarios de los gobernadores eran personas jóvenes, y así se podían ver polleras campanudas, mangas sopladas, y redondos sombreros con ornamentos de ave.
Diligencias y berlinas surcaban la calle principal; a los vehículos los escoltan soldados que desde sus provincias habían venido custodiando a su gobernador que se bambolea en el coche, mientras saluda a todo el pueblo a su paso, y en los ingresos de las viviendas y pulperías se asoman los nicoleños para ver pasar a los visitantes y hacer luego sus comentarios en las tertulias.
En fondas y cafés, en las barberías, boticas y confiterías, se hacen toda clase de comentarios sobre los visitantes y la magnitud del acontecimiento que había tenido la virtud de volver los ojos del país entero hacia San Nicolás. (20)
No sólo dulces y masas se consumieron durante la estadía de los gobernadores en San Nicolás, en la casa de Francisco Javier Acevedo, donde se hospedó Vicente López y Planes se realizaron gastos tales como once botellas de cognac, 30 frascos de vino francés, 750 cigarros habanos, cuatro cajones de vinos de Burdeos, cinco botellas de champagne, seis fuentes de pasteles de carne, pastelitos de hojaldre, de dulce, de pollo, pastillas de licor, seis mulitas, seis corderos, ocho docenas de perdices chicas, y tres docenas de perdices grandes, veinte pavos, veintiseis patos, treinta pollos, y muchas cosas mas todo lo que ascendía a pesos 8.721. y que pagaba la provincia de Buenos Aires.
Hasta el momento del inicio de las reuniones, cada uno de los gobernadores y sus acompañantes se dedicaban a sus gustos particulares. A Don Vicente López y Planes se lo veía permanentemente escribir mientras escuchaba por su ventana las palpitaciones de bronce de las campanas de la capilla cercana.
Otros se acercaban a contemplar el gran río, liando la chala de algún cigarrillo. Otros paseaban por la plaza y las calles cercanas con sus mejores indumentarias, la varita de ébano en las manos enguantadas y los pantalones tirantes con la trabilla. Otros disfrutaban de la pesca de patíes, bogas y amarillos. Otros, amantes del reñidero de gallos se los veía con un bataraz de riña bajo el brazo, rumbo a la casa de Pedro Santa Cruz, donde se realizaba esta actividad. Otros gobernadores amantes de la caza, se los veía llegar, con un arma al hombro, patos en sus manos y una pelota de plumas. (21)
En la casa de Oteiza hay piano, arpa, violín y clarinete. Las chinas de servicio, entre el tumulto de las parejas, distribuían chocolate caliente y licor rosa, o pocillos de te aromático, y vasos de panales; bizcochuelos de la casa de Llobet, masacotes de lo de Chousiño o bizcochitos hechos en la casa de los Córdoba.
La lista de dulces y masas preparadas eran muy extensa, había dulceras con dulce de naranja, ciruela, tomate, batata, leche, limón, crema de membrillo, duraznos, pasta de almendra, varias fuentes de chimbos, que era un dulce preparado con huevos, almendras y almíbar, merengues, y pastelitos de dulce. También circulaban pomposos mates de plata. Los sahumadores vertían hálitos de benjuí.
Las llamas de las velas, multiplicadas por los espejos, ardían en un ambiente turbio. La orquesta desgranaba chotis, mazurcas, habaneras, minués federales, hasta que el sol alumbraba el horizonte, apareciendo sobre el río y se alborotaban los gallineros con sacudimientos de plumas y concursos de kikirikis. No faltaron enfermos, porque hasta los boticarios presentaban facturas de gastos a Don Pedro Alurralde.
El 25 de Mayo era la fecha prevista para firmar el Acuerdo, pero no todos los gobernadores habían llegado a tiempo. Urquiza se había retrasado debido a tormentas y neblina, y su vapor no podía llegar a San Nicolás, antes del día 25 de mayo.
El 29 se realizó una reunión preliminar del Acuerdo; se declararon abiertas las conferencias que tenían por objeto arbitrar los medios mas eficaces para arribar a la reunión del Congreso Constituyente, según lo tratado en el pacto federal de 1831.
En la Casa del Acuerdo se reunían por las tardes y por las noches. Los gobernadores se acomodaban en sillones color damasco punzó. Un Cristo extendía los brazos en las lisas paredes de ladrillo cocido y cal. De la mitad del techo colgaba un quinqué con una bola de aceite de potro para alimentar los mecheros, mientras se va ejecutando, tramo a tramo la magna obra de la organización nacional.
El día 30 se realizó una misa en la iglesia parroquial, a la que concurrieron los gobernadores visitantes, sus acompañantes, y vecinos de la ciudad. Más tarde se produjo un debate muy agitado al tratarse el tema de la capital de la Nación.
Diagramación: Por razones técnicas no se incluye al principio del texto el título correspondiente que es: I. La confederación a la caída de Rosas (Fragmento). Si se mencionan los siguientes y se añaden otros más cortos para facilitar la lectura.
Fuente: Historia de San Nicolás de los Arroyos y su Pago
Fuente de extracción: www.sannicolas.gov.ar
Epígrafes de las ilustraciones en la fuente citada: Juan Gregorio Pujol (1817/1861). Idea convocar reunión Gobernadores/ Bernardo de Irigoyen 1822/1906 / Francisco Pico. Redactor del texto del Acuerdo/ Diligencia; Historia de la Argentina; Pág.643; Museo y Biblioteca Casa del Acuerdo/ Las fotografías pueden verse en la página de extracción citada.
(8) Cassagne, Juan Carlos; Trabajo publicado en “El Acuerdo de San Nicolás y su proyección histórica”; Pág.17; Yaguarón Ediciones; 2002.
(9) Así lo reconoció, más tarde, el propio Urquiza en carta que le escribió el 3 de agosto de 1853 a Pujol, citada por Aguirre Lanari, en el trabajo mencionado en nota anterior, p. 28. x.
(10) Véase: González Calderón, Juan Antonio; El General Urquiza y la organización nacional, p. 164,Buenos Aires, 1940.
(11) Mansilla, Lucio V.; Mis memorias, p. 192 y ss., ed. Eudeba, Buenos Aires, 1966.
(12) Así los Acevedo, los Bengolea, los Botct, los Carranza, los Echagüe, los Llobet, los Obligado, los O'Farrel, los Pinero, los Ramallo López, entre otros, muchos de los cuales se entroncaron con las principales familias de !a sociedad porteña: véase: Elizalde, Martín de; Los Cañete (1767/1867). Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Separata de "Genealogía", N°22, Buenos Aires, 1987.
(13) Véase; Luna, Félix; La construcción democrática de la Argentina, diario La Nación, 31/05/2001, p. 21 y nuestra carta de lectores publicada en el mismo medio el 18/06/2002.
(14) Sáenz Quesada, María; Gobernadores, entre Santa Rosa y San Nicolás, diario La Nación, 05/06/2002, sección Opinión.
(15) Laferrere, Alfonso de, Historia, Política y Letras, p. 22, Buenos Aires, 1990, explica que esa situación obedecía al hecho de que entonces (antes del desarrollo dei puerto de Rosario) San Nicolás era la frontera Norte de Buenos Aires, el puerto obligado para las comunicaciones con el Litoral y en plaza de intercambio con el interior.
(16) Op.cit.p.22.
(17) De la Torre, José; Nuevas aportaciones en Torno al Acuerdo de San Nicolás; (inédito); 1952; Pág. 8
(18) Ibidem; Pág. 5,
(19) Ibidem; Pág. 4
(20) Ibidem; Pág. 14
(21) Ibidem; Pág. 6
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