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RECINTO, PELEA Y HERMINIO

Pocas líneas para un momento especial de una sesión inolvidable, en medio de barras similares a las futboleras que, con bombos y todo, vociferaban en una pelea al borde de la violencia fisica. Abajo, en las bancas, el choque de dos proyectos en torno del manejo de los sindicatos y, en el estrado, el radical Juan Carlos Pugliese, garantía de buen arbitraje. Todo así hasta que de golpe entró al recinto Herminio Iglesias, quemador de cajones. "Viniste, papá" lo recibió con un grito el peronista Norberto Imbelloni. Y estalló el  recinto.

Por Armando Vidal

Fuertes vibraciones, casi un terremoto. Un cabal tratado de la tolerancia constituyó ayer la conducción del debate político desatado en la Cámara de Diputados reclamado como una necesidad del peronismo para repetirse a sí mismo las razones de su existencia después del traumático resultado que recogió el 30 de octubre.

La pericia y paciencia de Juan Carlos Pugliese, presidente del cuerpo, posibilitaron que el peronismo dijera su discurso y que el radicalismo presentara su alternativa en medio de continuos actos provocativos por parte de las barras de unos y otros.

El debate de la ley se transformó en una asamblea abierta que varias veces amenazó naufragar.

La importancia del tema –que no era la ley sino la confrontación de los dos proyectos políticos que expresan ambas fuerzas populares- convenció a Pugliese de no ahogar las expectativas centradas en ese alto juego de ideas, pese a las agresiones de varios energúmenos ubicados en los palcos.

El riesgo de lesionar el debate haciendo desalojar las galerías pareció persuadir a Pugliese de continuar la sesión no obstante su anómalo desarrollo. No se fue el público. Se fueron los diputados con el largo cuarto intermedio propuesto por Pugliese en el momento en que irrumpió imprevistamente en la Cámara el ex candidato a gobernadores bonaerense Herminio Iglesias.

En ese instante –eran las 18.45- el justicialista Lorenzo Pepe iniciaba una exposición que se perfilaba como la presentación del eje de la polémica.

Apareció Iglesias y desató una polvareda intolerable. Fue el encendedor de los desbordes porque la rechifla y los vítores se constituyern en llamas pasionales. No se podía seguir para pesar del peronismo que se venía imponiéndose en la partida política. La llegada de Saúl Ubaldini concentró un nuevo motivo de interés que opacó la otra visita. A Ubaldini lo aplaudieron muchos radicales.

Título: Pulseada por dos proyectos (Primeros cinco párrafos)

Fuente:  Clarín, 11/2/84.