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QUÓRUM NO POSITIVO

Esto de jugar con fuego por parte del maratonista Julio Cleto Cobos ya está chamuscando las alfombras de ambas Cámaras del Congreso. A ello hay que sumar las malas compañias de ex menemistas que tienen los radicales y, además, la natural rabia K. Resultado: en las puertas del Bicentenario, el Congreso se halla en guerra total. 

 Por Armando Vidal

De la calma nacen las mejores leyes, no de la guerra. Y el Congreso, más allá de cualquier sesión circunstancial, está en guerra. En esto, ni el PEN ni el Poder Judicial tienen técnicamente que ver porque es algo propio y exclusivo del Poder Legislativo,

si bien hay un problema de origen del cual éste es, al mismo tiempo, ajeno.

Y es la participación en los comandos de la República, de quien, hasta ahora, se comporta como oficialista en el Poder Ejecutivo siguiendo la voluntad política de origen en las elecciones

presidenciales de 2007 y como opositor en su condición de titular nato del Senado, siguiendo el veredicto de las elecciones parlamentarias del año pasado.

En el medio, estuvo su voto de desempate en contra de la resolución 125, con el que iniciaría su carrera en sentido contrario a cuando desde las filas del partido radical la emprendió con toda decisión para acompañar a la presidencia de la Nación a la peronista Cristina Kirchner.

Esto de jugar con fuego por parte del maratonista Julio Cleto Cobos ya está chamuscando las alfombras de ambas Cámaras del Congreso, no sólo la del Senado. A diferencia de Cobos, que no es senador, el jujeño Eduardo Fellner en Diputados enfrenta una situación de alzada opositora en la que viene haciendo punta contra él la ex oficialista Graciela Camaño, presidenta de la comisión de Asuntos Constitucionales por decisión original de la bancada K de Agustín Rossi, a la cual enfrenta ahora. La contienda planteada en ese nivel no cuenta todavía con el peso institucional histórico que tuvo el radicalismo, en particular en esa Cámara.

Que el bloque heredero de Ricardo Balbín, por sus viejas y superadas luchas contra el peronismo en sus dos primeros gobiernos y de Raúl Alfonsín, como presidente de la Nación primero y como referente opositor, después, se halle hoy sujeto a una estrategia de combate de quienes no tienen otra historia que no fuera la personal, es un problema serio para el radicalismo y más aún para el Congreso.

Y es aquí –en la relación con la principal fuerza opositora- donde la luz debe dirigirse al kirchnerismo, cuya estrategia ha sido convocar a adversarios a que jueguen en su propia área y ahora sin otra capacidad de contragolpe que no sea la de boicotear el quórum, un recurso válido, ocasional y pasajeramente, pero para la oposición. Bajo la permanente mirada de Elisa Carrió, la líder de la Coalición Cívica –cuya fuerza emanó de la decisión de enfrentar al radicalismo, su propia matriz, en 1994 y en el 2000 también-, el bloque que conduce Oscar Aguad ve recortada toda posibilidad de acuerdo con la bancada que conduce Rossi.

Sólo razones extremas a favor de la gobernabilidad sacarían a los radicales de ese corsé entre los peronistas rebeldes como Camaño, por un lado y la implacable Lilita, por otro. Pero la gobernabilidad también comprende y en primer lugar a los Kirchner, en especial a Néstor, si es que es el DT del equipo que tiene a su capitán, Rossi, mal parado en la cancha.

Por el lado del jujeño Fellner está claro que no es Juan Carlos Pugliese, presidente de la Cámara entre 1983 y 1989, pero tampoco es el menemista Alberto Pierri, sucesor del radical hasta 1999, de modo que transformarlo en blanco es un factor de inestabilidad poco inteligente para la propia oposición.

¿Acaso Graciela Camaño no era diputada con la escandalosa sesión de ampliación de miembros de la Corte Suprema, de la que se acaban de cumplir veinte años sin que nadie lo recordara? ¿O no estuvo en la sesión de los diputruchos? La única peronista que se diferenció de Pierri fue Çristina Kirchner, quien en 1997 no lo votó para un nuevo mandato.

Cristina siempre fue Cristina. Graciela Camaño, también.

A los radicales en el Senado no les va mucho mejor en materia de nuevas compañías. La decisión de publicar las ausencias en los diarios y llegado el caso de producir descuentos en las dietas no es de puro cuño radical porque en la hora de las heroicas resistencias cuando el menemismo promovía el remate del Estado nunca esas medidas fueron aplicadas contra ellos.

 “Que salgan detrás de las cortinas” se limitaba a desgañitarse Jorge Matzkin, presidente del bloque del PJ, en Diputados, mientras sufría sucesivos fracasos en las sesiones de ventas de las empresas públicas.

Ahora que Gerardo Morales, presidente del bloque de la UCR, lleva la voz cantante con esas propuestas y el binario Cobos ordena su cumplimiento, ¿olvidan los radicales en el Senado el papel de Juan Carlos Romero como presidente de la comisión de Presupuesto cuando se remataban Gas del Estado e YPF?

La senadora Sonia Escudero habla por él. ¿Hablan los radicales de hoy en el Senado por Romero como hace quince años y seis meses lo hicieron otros radicales por la privatización del Correo a favor de Alfredo Yabrán? La furia de los conversos, en el Gobierno o en la oposición, no es buena para nadie y menos para los radicales que tienen ahora a Cobos de su lado aferrado a la vicepresidencia en función de su propio interés personal.

Nadie imagina que en el caso de que el vicepresidente renuncie, el Gobierno llame a elecciones que es lo que constitucionalmente correspondería. Lo mejor sería que oficialismo y oposición llegaran lo mejor posible a las elecciones, en dieciocho meses, lo cual reclama tener hasta entonces al menos un gobierno.

Título: El quórum no positivo /

Fuente: Newsweek, 14/4/10.