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DE LÓPEZ REGA AL VICE COBOS

Más sobre  un tránsfuga mendocino refugiado en el partido de Alem y su amenaza a la República, junto  al caso de López Rega y las diferencias con hombres dignos en el capítulo que cerró la muerte de Juan Domingo Perón, todo sumado al gran ejemplo de don Ricardo Balbín, líder radical.

Por Armando Vidal

En aquel invierno de 1974, la lluvia profundizó la tristeza, el desamparo y el abandono cuando el auto se lo llevó desde el Congreso por la Av. Callao hacia la inmortalidad. Ahora, en cambio, la lluvia de la  primavera porteña fue como una delicada cortina de lágrimas al final de un velatorio de sollozos, cantos y sonrisas en la Casa Rosada.

En el adiós del presidente Juan D. Perón y en el adiós del ex presidente Néstor Kirchner las diferencias no estuvieron tanto en el pasado –la obra de ambos en sus respectivos tiempos- sino en el futuro que dejaban las partidas. 

Los hombres de ley se van de donde no corresponde quedarse. Lo hicieron Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima –presidente y vice de la Nación- y hasta el entonces senador peronista Alejandro Díaz Bialet, titular provisional del Senado, viajó a China para que la presidencia de la Nación recayera en Raúl Lastiri, máxima autoridad de Diputados,  tras la profunda crisis generada por la matanza de Ezeiza, el 20 de junio de 1973, el día del retorno definitivo de Perón.

Después, llegaría el congreso justicialista realizado en el Teatro Cervantes y había que verlo a Perón, como lo vio el cronista que escribe, aquella mañana cercana al mediodía, parado en medio del escenario, con su mirada un tanto perdida luego de la súbita proclamación de la fórmula que él encabezaba y completaba Isabel, su mujer, para las elecciones del 23 de septiembre en las que triunfaría por casi el 62 por ciento de los votos.

Quizás Perón estaba pensando en lo que pasaría si su delicada salud obligaba a traspasar el timón a esa endeble e ignorante mujer, ajena por completo a la política, que fue lo que en efecto aconteció.

En la Cámara de Diputados, la noticia de la muerte de Perón llegó con un grito del diputado peronista de extracción sindical, Eduardo Farías, cuando llorando entró al comedor –hoy salón de reuniones y conferencias- y estremeció a todos con un “¡ Murió Perón!”. Eran las 13.15 o algo más de aquel 1º de julio de 1974.

* Matar a López Rega

Isabel quedó al frente del gobierno que a la vez quedó en manos del ministro José López Rega, que nunca hubiera estado allí si Andrés López, el jefe de seguridad del presidente Perón en la residencia de Gaspar Campos hubiera consentido el ofrecimiento de otro suboficial de los leales al líder en los hechos de 1955, que también formaba parte de la custodia del general.

Ese hombre, de apellido Calderón, cansado de ver como López Rega socavaba día a día el resto de la poca energía que le quedaba a Perón, había pedido autorización para matar al siniestro personaje, haciéndose plenamente responsable de su acto.

Fue disuadido por lópez y, por lo tanto, López Rega siguió con su cometido.

El dato, con Calderón presente, lo brindó Daniel Brión -que confesó que eligió a Calderita,  como su padre-, titular del Instituto para la Memoria del Pueblo. Daniel es hijo de Mario Brión, uno de los peronistas asesinados en los basurales de José León Suárez.

La revelación fue hecha en la presentación de su libro El Presidente duerme referido a la frustrada intentona revolucionaria del general Juan José Valle, en 1956 y los crímenes posteriores de la mal llamada Revolución Libertadora, mejor llamada Revolución Fusiladora, que masacró a más de treinta inocentes, incluyendo a los jefes militares del levantamiento.

En torno de la tarea de López Rega que aceleraría la muerte de Perón, los testimonios posteriores de médicos como Jorge Taiana y Pedro Cossio confirmaron las practicas brujeriles de ese desequilibrado y creador de la Triple A.

Nada de aquel capítulo puede parangonarse con el presente como aviesamente pretendieron algunos columnistas.

Diferente es el legado político que recibe Cristina, que viene ejerciendo la política activa desde hace muchos años, con destacada actuación en la Legislatura santacruceña, en ambas Cámaras del Congreso de la Nación y también en la convención constituyente de 1994.

Esa es  la mujer que el peronismo militante llevaría a los brazos de Néstor, en los años jóvenes de la facultad platense porque ella, ahora, también es él.

* De adversario a amigo

De Perón, querido general de su pueblo, suenan las palabras de despedida frente al cajón que contenían los restos del tres veces presidente de los argentinos, ubicado en el centro mismo del recinto de la Cámara de Diputados, dichas por parte del líder radical, Ricardo Balbín, que tanto estremecen aún hoy al recordarlas.

“Este viejo adversario, despide a un amigo”, dijo con voz profunda y sentida y una mano sobre el cajón, frase síntesis de un discurso que puede ubicarse en buscar....

En contraste con aquel bonaerense heredero de la austeridad de Hipólito Yrigoyen, el jueves se escucharon otras palabras surgidas y repetidas por la gente, que deben sacudir al radicalismo todo: “Andate Cobos, la puta que te parió, andate Cobos…”. Grito con merecida indignación contra un oportunista sentado sin ninguna legitimidad en su cargo de vicepresidente de la Nación.

Si Balbín un día saltó una tapia para hablar en su residencia pasajera de Gaspar Campos con Perón y superar las diferencias del pasado, lo cual se constituyó para radicales y peronistas en una sólida base de entendimientos entre las diferencias, ¿cómo ahora los hijos de aquellos radicales –como Ricardo Alfonsín, el hijo de Raúl- van a continuar consintiendo que Julio Cleto Cobos ocupe lo que ya no le pertenece?

Su permanencia compromete la institucionalidad de la República porque la misión de un vicepresidente, que conforma el binomio del Poder Ejecutivo, es cubrir las espaldas de su titular.

Ya no está Néstor, garante de aquella operación de una confusa transversalidad, por la cual el usurpador se transformó en lo peor que cobija el viejo partido de Leandro N. Alem, primera víctima de sus traiciones como hombre y como político.