A+ A A-

1993, AFJP, NEGOCIOS SIEMPRE PRESENTES

Pantallazo acerca de la creación de las AFJP,  entre negociadores y negociados y la increíble confusión del radicalismo en 2008 con relación a la dura oposición realizada por sus bloques en tiempos de Menem. Hay mucho material en esta misma sección sobre el turbio trámite de hace 23 años.

Por Armando Vidal

La privatización del sistema previsional fue para Carlos Menem, con su entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo,  una causa clave en su política de aniquilación del Estado expuesta en otros casos de particular resonancia en el Congreso como también resultaría éste.

Pese a los escándalos que había generado en marzo de 1992 con la participación de diputruchos para la sanción del marco regulatorio que significaba la sentencia de muerte de Gas del Estado, de lo cual en Congreso Abierto se brinda amplia información y a la privatización seis meses después de YPF, con otro escándalo por una denuncia de pagos de coimas a legisladores, el gobierno siguió adelante con la intención, finalmente lograda, de privatizar el sistema estatal de las jubilaciones.

Eso sí: se tuvo que resignar a obtener una privatización parcial y no la plenitud del sistema al verse forzado a regañadientes a aceptar cuestionamientos internos del propio oficialismo en Diputados. Y así se incorporó la opción de  que el aportante pudiera elegir entre permanecer en el Estado o formar parte de una de esas sociedades que crecieron como hongos tras la sanción de la ley.

Pocos recuerdan, por ejemplo, que el Grupo Clarín también tenía su propio AFJP. Muchos de sus trabajadores de aquel momento, como quien escribe estas líneas, no dudaron en quedarse con el sistema estatal basado en el principio de la solidaridad y no con el de la rentabilidad que prometían las AFJP.

El Gobierno logró la ley en buena medida por el batallar incansable de Cavallo quien aspiró a contar con la ella mucho antes. El proyecto del PEN había sido remitido el 27 de agosto de 1992 al Congreso y no tenía edad de corte.

Cavallo quería que la ley entrarse en vigencia el 1º de enero de 1993 pero no fue posible.

Uno de los diputados que se destacó en responder ciegamente los dictados de Cavallo fue el duhaldista Eduardo Amadeo, enfrentado con el mendocino Juan González Gaviola, promotor de cambios que al final hicieron posible la sanción de esta norma.

El 24 de febrero de 1993 hubo dictamen favorable en un plenario de comisiones encabezado por la de Previsión que dirigía Gerardo Cabrera, gremialista santafecino.

Allí se destacó en un papel de verdadero traidor a las promesas electorales por las cuales estaba en su banca el marplatense Juan Carlos Sabio, representante del partido Blanco de los jubilados que se oponía a la ley y que, de pronto, ese día apareció firmando el despacho favorable.

El peronista rebelde Chacho Alvarez lo llamó traidor como luego repetiría en el recinto, acusándolo claramente de corrupto.

La ley fue votada el 14 de abril de 1993 luego de una larga pelea durante varias semanas para que el oficialismo obtuviera quórum.

Fue notoria y ejemplar la resistencia del radicalismo a esta norma, tarea que tuvo el bonaerense de Avellaneda, Juan Manuel Moure, como uno de los grandes protagonistas. Fueron los radicales los que pilotearon la resistencia hasta que en una jugada más del bloque que presidía Jorge Matzkin se logró alcanzar el número para sesionar.

Catorce años después, cuando durante la gestión de Cristina Kirchner, se terminó con este negociado al llevar todo a como estaba antes de la creación de las AFJP, los radicales... ¡se opusieron! Y prefirieron hacer causa con, por ejemplo, el duhaldista  Amadeo (hoy macrista y socio de los radicales en Cambiemos), un fogonero de esa ley más que sospechada de corrupción ante tanto entusiasmo expuesto.

Es por eso, en buena medida, que el radicalismo entró en un trance de virtual extinción.

Nota: Este artículo dal archivo de Congreso Abierto sólo tuvo por modificación el dato de identificación política actual de Eduardo Amadeo, también diputado nacional en la actualdiad y a quien hoy se conoce un poco mejor que hace veintitres años.